Lanting, un taoísta, recogió a una fantasma femenina de mil años y, por alguna extraña razón, ¡terminó enredado con ella en un lazo de tribulación amorosa! La pequeña fantasma se la pasa todo el día pegada a él, besándolo y pidiéndole abrazos, ¿y encima dice que huele muy bien? ¡¿Cómo es posible que a un taoísta le ande metiendo mano una fantasma todos los días?! ¿Acaso no se suponía que los de tu secta alcanzaban el desapego absoluto? ¿De verdad no hay problema con andar de romance con una fantasma? Lanting: —¿Por qué huyes? ¿No decías que querías dormir conmigo? Jiang Yu: —¿No eras tú el que decía que los caminos de los humanos y los fantasmas son diferentes y que estaban prohibidos los arrumacos?