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Esclavo De Las Sombras

Esclavo De Las Sombras – Capítulo 2866

—Caminante Nocturno…

El nombre pesaba en el aire tanto como la presión que descendía del cielo. Cassie no necesitaba ver para saber que el legendario Santo estaba allí, moldeando el espacio mismo para anular las defensas que Sunny y ella habían preparado con tanto esmero.

La Isla de Marfil se sacudió violentamente una vez más. El escudo del Aplastamiento, que hasta ahora había mantenido a raya a los atacantes, comenzó a parpadear y distorsionarse. Era como si una mano invisible estuviera estrujando la realidad alrededor de la torre.

—¡Lady Cassia, el cielo! —exclamó Rain, su voz temblando mientras miraba hacia arriba.

A través de los ojos de Rain, Cassie vio cómo el espacio se curvaba. No era solo que el Jardín Nocturno se acercara; era que la distancia entre el barco y la isla se estaba acortando artificialmente.

Caminante Nocturno estaba plegando el mundo para permitir que sus guerreros saltaran directamente sobre la hierba esmeralda.

—No mires atrás, Rain. ¡Sigue corriendo! —ordenó Cassie, empujando a la joven hacia la arboleda de árboles antiguos.

Sus propios pulmones ardían y la herida del pecho, aunque lavada por las llamas de Nephis, todavía pulsaba con un eco de debilidad. Sin embargo, su mente estaba enfocada en un solo punto: el claro oculto entre las raíces de los árboles milenarios.

De repente, una figura descendió del cielo con la gracia de un halcón. No era un guerrero común, sino una mujer rodeada por un aura de viento cortante y plumas blancas.

—Tyris de Pluma Blanca —susurró Cassie.

La Santa no perdió el tiempo en palabras. Con un movimiento de su mano, una ráfaga de viento con la fuerza de un huracán barrió el campo, arrancando trozos de tierra y lanzándolos hacia Cassie y Rain.

¡Escudo!

Cassie invocó el Aplastamiento de forma instantánea, no como una esfera, sino como una pared densa y plana justo frente a ellas. El viento chocó contra la fuerza invisible, creando un estruendo que casi le revienta los tímpanos a Rain.

—Cassie... detente —la voz de Tyris resonó, pero no venía de su boca. Venía de las marcas en la mente de Cassie que aún no había logrado purgar del todo—. El Soberano solo desea tu guía. No hay necesidad de más derramamiento de sangre.

Mentira. Solo desea un oráculo encadenado.

Cassie no respondió. En su lugar, agarró el brazo de Rain y se lanzó hacia el hueco de un árbol enorme cuyas raíces se hundían profundamente en la piedra misma de la isla.

—¡Entra! —gritó Cassie, prácticamente arrojando a Rain y al cuerpo de Sonrisa del Cielo al interior del agujero.

Justo cuando Cassie iba a seguirlas, el espacio a su alrededor se congeló. No fue el viento de Tyris, sino la voluntad de Caminante Nocturno. La realidad se volvió viscosa, cada movimiento costaba un esfuerzo sobrehumano.

Un hombre de aspecto tranquilo y ojos que parecían contener la oscuridad del vacío caminó sobre el aire, descendiendo desde el Jardín Nocturno como si bajara por una escalera invisible.

—Canción de los Caídos —dijo Caminante Nocturno con una cortesía aterradora—. Has luchado bien, pero el destino de este mundo ya ha sido decidido por el Engendro del Sueño. No permitas que el sacrificio de estos Guardianes del Fuego sea en vano.

Cassie se obligó a sonreír, aunque la sangre todavía manchaba sus labios.

—El destino es un concepto que incluso Weaver temía, Caminante Nocturno. Y yo no seré una esclava de las decisiones de un monstruo.

Con un último esfuerzo de voluntad, Cassie activó el mecanismo oculto bajo las raíces. No era una defensa de la Torre de la Esperanza, sino un legado del Daemon del Destino que Sunny había ayudado a restaurar en secreto.

El suelo bajo el árbol se iluminó con runas plateadas que no pertenecían a este mundo. El espacio plegado por Caminante Nocturno comenzó a desgarrarse, no por fuerza bruta, sino porque las runas estaban "descosiendo" la conexión de la Isla de Marfil con el Reino del Sueño.

—¡Cassie, ven! —gritó Rain desde el interior, extendiendo su mano.

Tyris se lanzó hacia adelante como un rayo de luz blanca, y Caminante Nocturno extendió su mano para colapsar el túnel espacial que se estaba formando.

Pero Cassie fue más rápida.

Usó el resto de su esencia para expandir el Aplastamiento hacia afuera en una explosión omnidireccional, no para herirlos, sino para empujar la realidad misma lejos de ella por un segundo.

Ese segundo fue suficiente.

Cassie saltó al interior del árbol. Las runas brillaron con una intensidad cegadora y, con un sonido similar al de una tela rasgándose, el árbol, las raíces y las tres mujeres desaparecieron de la Isla de Marfil.

Lo último que Cassie sintió antes de que el mundo se desvaneciera fue la furia gélida de Caminante Nocturno golpeando el vacío donde ellas acababan de estar.

Estaban fuera. Pero el silencio que siguió fue aún más aterrador que la tormenta.

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