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Esclavo De Las Sombras

Esclavo De Las Sombras – Capítulo 2758

La revelación golpeó a Sunny con la fuerza de un martillo hidráulico.

No era solo que Asterion fuera un hipócrita o un manipulador. Era algo mucho más fundamental y aterrador. Los humanos ascendían a través de Pesadillas y fragmentos de alma; las Criaturas de Pesadilla, sin embargo, ascendían a través del consumo. Y Asterion, en su mente retorcida, se consideraba una criatura.

Si Nephis era la "Estrella de la Ruina" que consumía sus propios límites para brillar, Asterion era el "Engendro del Sueño" que pretendía consumir el mundo para despertar como algo nuevo.

Sunny miró la espalda de Asterion, y por un segundo, no vio a un hombre apuesto de ojos dorados. Vio una boca abierta. Una boca tan vasta que podía tragarse las esperanzas de millones.

Asterion, ajeno o quizás indiferente a la agitación interna de Sunny, respondió finalmente a la pregunta de Nephis. Su voz era suave, casi pedagógica, como la de un tutor que explica una lección obvia a un alumno lento.

—¿Qué es lo que quiero? —repitió, paseando su mirada por los intrincados grabados de la Torre de Marfil—. Querida Nephis, lo que quiero es lo que cualquier padre querría para su familia. Quiero que todos estemos juntos. Quiero que la humanidad deje de sufrir bajo la incertidumbre del Hechizo.

Se detuvo y la miró directamente.

—Verás, el problema de los humanos es que son... fragmentarios. Son miles de millones de voluntades individuales chocando entre sí, desperdiciando energía, muriendo en la oscuridad por miedos insignificantes. Son como células de un cuerpo que ha olvidado que es un solo organismo.

Asterion extendió una mano, y por un momento, Sunny juró que las sombras en la habitación se encogieron, no por la luz, sino por miedo.

—Yo solo quiero darles un propósito. Quiero unificarlos bajo una sola voluntad. Mi voluntad. Cuando todos conozcan mi nombre, cuando todos estén dentro de mi Dominio... el miedo desaparecerá. La guerra desaparecerá. Porque no habrá nadie más con quien luchar.

Sunny sintió náuseas. No era una unificación; era una asimilación. Asterion no quería gobernar a la humanidad; quería consumir a la humanidad. Quería que cada hombre, mujer y niño fuera una extensión de sus propios sentidos, un trozo de biomasa y alma destinado a alimentar su ascenso a la divinidad.

—Y tú, Nephis... tú eres la pieza final. Eres la heredera de la Llama Inmortal. Tu alma es... exquisita. Es el combustible más puro que jamás haya existido.

Nephis no retrocedió, pero su mandíbula se tensó tanto que Sunny temió que sus dientes se quebraran.

—¿Así que ese es tu plan? —dijo ella, su voz gélida—. ¿Convertirnos en tu banquete?

Asterion soltó una risita suave y genuina.

—"Banquete" es una palabra tan vulgar. Yo prefiero llamarlo... comunión. Una apoteosis compartida. Tú arderás, Nephis, y en ese incendio, yo finalmente veré lo que hay más allá de este sueño miserable.

Sunny dio un paso adelante, su voz era un gruñido bajo y peligroso.

—No va a pasar, Asterion. No eres el primer monstruo con delirios de grandeza que intentamos matar.

El Supremo de ojos dorados se giró hacia Sunny, y por primera vez, su mirada fue de puro divertimento, como si un insecto acabara de proponerle un duelo de esgrima.

—Ah, Sunless. Tienes mucha energía para ser alguien que ni siquiera existe para el mundo. Pero dime... ¿cómo planeas detener a alguien que ya está en la mente de cada ciudadano que protegiste hoy? Cada vez que ellos susurran mi nombre con esperanza, mi Dominio se fortalece. Cada vez que buscan seguridad en este "Castillo de las Nubes", me están invitando a pasar.

Asterion se encogió de hombros con elegancia.

—No he venido aquí a pelear. He venido a instalarme. Bastión es un lugar encantador... y su gente es tan... acogedora.

Se giró de nuevo hacia Nephis.

—Por cierto, deberías revisar a tu pequeña amiga vidente de nuevo. No solo le quité un ojo, Nephis. Le dejé un regalo en su mente. Una pequeña semilla de mi nombre. Si intentas usar su visión para conspirar contra mí... bueno, digamos que Canción de los Caídos tendrá un final muy abrupto y silencioso.

El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el lejano sonido de los vítores de la multitud afuera, que aún creía que un salvador había descendido del cielo.

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