Por extraño que parezca, Nephis estaba disfrutando de la obra.
La actriz principal era buena en su oficio. El papel que interpretaba era el de alguien taciturno y estoico, pero que revelaba una firme determinación de resistir a toda costa la marea de Criaturas de Pesadilla... una verdadera guerrera. El Ángel Guardián de la Antártida no mostraba muchas emociones, lo que podría haber hecho que algunos la consideraran un personaje plano.
Pero, personalmente, Nephis pensaba lo contrario. La actriz conseguía mostrar la sutileza de alguien que no estaba acostumbrada a expresar sus emociones abiertamente y que sentía que no había lugar para tales cosas en el campo de batalla. Era realmente encomiable, aunque el Ángel pareciera un poco solitario como resultado.
El protagonista era todo lo contrario. Era muy emotivo y no se cortaba a la hora de expresar sus opiniones, aunque estas no solían ser algo que la gente quisiera oír. Su ingenio seco y su despreocupación informal resultaban desarmantes, y su personalidad ligeramente cómica era extrañamente entrañable. Además, tenía el corazón en el sitio correcto...
Y, sin embargo, Nephis se sentía incapaz de sumergirse por completo en su personaje. El actor que interpretaba al Diablo manejaba bien el papel, así que no había nada de qué quejarse. Solo que... ¿cómo podría decirlo? El hombre era un poco demasiado... musculoso. Nunca se había parado a pensarlo, pero ahora, Nephis se daba cuenta de repente de que los hombres rudos como ese no encajaban mucho con sus gustos.
Ella se inclinaba por apreciar mucho más a hombres como el Maestro Sunless.
Sintiendo el agradable peso de su cabeza sobre su hombro, sonrió sutilmente en la oscuridad.
¿Cómo he acabado en esta situación?
El encantador hechicero se apoyaba en ella cómodamente. Su brazo le rodeaba, como si realmente tuvieran ese tipo de relación. Era cierto que había alguien en el teatro observándoles, pero ¿realmente había sido necesario tal despliegue de intimidad?
Lo había hecho sobre todo por impulso, quizá porque la inesperada petición de Cassie seguía grabada en su mente.
Pero, bueno... a Nephis no le importaba el resultado. Se sentía bastante bien.
Disfrutando de la novedosa sensación de cercanía, continuó viendo la obra.
En el escenario, la conmovedora historia de amor entre el Diablo y el Ángel ya había avanzado, y ahora se acercaba a una culminación trágica. Tras reencontrarse en la Antártida Oriental y confesar sus sentimientos, los héroes se enfrentaban a una crisis mortal.
Ladeó la cabeza y, sin querer, apoyó la mejilla sobre la cabeza del encantador hechicero, sintiendo la textura sedosa de su cabello negro azabache. Nephis se quedó paralizada un momento, perpleja, y luego tomó una decisión difícil... fingir que lo había hecho a propósito y que todo iba según el plan.
Así, sin más, hubo algo que la distrajo de la representación totalmente ficticia de la Batalla de la Calavera Negra que estaba ocurriendo en el escenario...
No se mencionaba que los Grandes Clanes hubieran luchado entre sí, por supuesto. En su lugar, se les mostraba como campeones de la humanidad que se sacrificaban a sí mismos y que se habían aventurado en la naturaleza para dar al Rey Anvil y a su cohorte tiempo suficiente para conquistar la Cuarta Pesadilla.
El Ángel ya se había revelado como una servidora caída en desgracia del Clan Valor y, ahora, los héroes intentaban frenar la marea de espantosas abominaciones en una desesperada última resistencia.
La obra parecía tomarse algunas libertades con la trama de la película original, adaptándola a la sensibilidad de los habitantes del Dominio de la Espada.
En el escenario, el Ángel sostenía al Diablo, ambos maltrechos y cubiertos de sangre falsa.
—¡Aguantad! ¡Debemos aguantar, Capitán! ¡El Rey de Valor estará aquí pronto!
La mandíbula cuadrada del protagonista tembló, y forzó su familiar sonrisa diabólica.
—Me temo... me temo que tendré que romper mi promesa, ángel. Lo siento, pero... de verdad, no tienes a nadie a quien culpar sino a ti misma. Tú... no deberías haberte enamorado de un hombre deshonesto como yo.
Aún sonriendo sin miedo, empujó a la herida Ángel hacia atrás, a manos de sus soldados, y les ordenó retirarse.
Solo, el Diablo se enfrentó a la sombra que avanzaba — creada por efectos especiales, representaba a las Grandes abominaciones que habían escapado de las Puertas de Categoría Cuatro.
Un desprecio sarcástico escapó de sus labios.
—De verdad pensaba que lo lograría. Bueno, no importa. El tiempo de este diablo lejos del infierno está llegando a su fin... ¡ah, qué dulce sueño ha sido! Gracias, amor mío.
Nephis podía oír sollozos silenciosos entre el público. También podía sentir al Maestro Sunless temblar ligeramente.
¿Estará... muy afectado por la obra? Sus reacciones parecían bastante intensas desde el principio. El encantador hechicero era sorprendentemente emocional...
Se preguntó distraídamente si él conocería la verdad sobre la Batalla de la Calavera Negra. Al fin y al cabo, él no estuvo allí, y la mayoría de la gente creía en el registro falso de lo que había sucedido aquel día.
La verdad no era ni de lejos tan romántica.
Sabiendo lo que ocurriría a continuación, Nephis suspiró y, de repente, deseó que se la tragara la tierra.
¿Todavía habrá posibilidad de prender fuego al teatro? Eso interrumpiría la obra, seguro...
El Maestro Sunless sintió su tensión y se movió ligeramente, mirando hacia arriba.
Su rostro terriblemente atractivo estaba, de repente, demasiado cerca.
—¿Qué ocurre?
Ella intentó con todas sus fuerzas ocultar su embarazo, apartó la mirada y dijo en tono monótono:
—No es nada.
Pero justo entonces...
El escenario se vio inundado de repente por una luz brillante que ahuyentó la oscuridad que acechaba.
Una hermosa joven con ropas blancas que le quedaban un poco demasiado ajustadas para su generosa figura fue descendida desde arriba con cuerdas invisibles, manteniendo de algún modo una imagen elegante a pesar de las dos pesadas alas sujetas a su espalda por un arnés oculto.
Sostenía una espada radiante en la mano, y su rostro era la viva imagen de una valiente iluminada.
Nephis suspiró y se cubrió la cara con la palma de la mano.
Hubo unos cuantos gritos de alegría entre el público.
—¡Es Lady Estrella Cambiante!
—¡El Rey ha vuelto de la Pesadilla!
—¡Por favor, sálvelo, Lady Nephis! ¡Deprisa!
... En efecto.
La actriz que bajaba desde arriba era la misma ingenua que interpretaba a Nephis en la versión local de aquella maldita película... estaba representando a Estrella Cambiante.
Nephis pudo sentir cómo el cuerpo del hechicero temblaba una vez más. Mirándole entre los dedos, se sobresaltó al ver que intentaba reprimir la risa.
Su expresión decayó un poco.
—¿Qué es tan gracioso?
El Maestro Sunless la miró con una sonrisa, con sus ojos de ónice brillando de alegría. Luego, sacudió la cabeza en señal de disculpa.
—No, no... por favor, perdóneme, Lady Nephis. Es solo un poco de schadenfreude5...
Al oír aquello, de repente le entraron ganas de hacer algo que nunca había hecho antes.
Nephis quiso hacer un puchero.
Apartándose de él, permaneció en silencio unos instantes y luego dijo con serenidad:
—Me alegra que mi sufrimiento le divierta.
El Maestro Sunless jadeó y la miró con un toque de pánico en sus ojos de joya.
Nephis intentó mantener una fachada de calma, pero la comisura de su boca se curvó hacia arriba contra su voluntad.
Suspiró y cerró los ojos.
¡Qué tierno!
En el escenario, Estrella Cambiante salvó el día. El Diablo fue rescatado y se reunió con el Ángel, que había guiado a los refuerzos de Valor hasta su posición. El Rey de las Espadas descendió a la Antártida, erradicando a las Criaturas de Pesadilla y guiando a los civiles al Dominio de la Espada.
Debido a la valentía y el altruismo que el Ángel había mostrado durante la Campaña del Sur, su mala acción pasada fue perdonada por la princesa Nephis, y fue restituida como Caballero de Valor. El Diablo también fue nombrado caballero por la radiante princesa, y ambos se convirtieron en campeones de confianza de la familia real.
Fue un final feliz.
Cayó el telón y se encendieron las luces. Los actores volvieron al escenario para saludar y fueron recibidos por un estruendoso aplauso.
Por supuesto, ninguno de ellos pudo evitar lanzar miradas furtivas al palco privado.
Nephis suspiró, luego se levantó con una agradable sonrisa y aplaudió unas cuantas veces.
Ante aquella visión, los ojos de los actores brillaron y el público estalló en un aplauso aún más enérgico.
El Maestro Sunless la observaba con una sonrisa divertida, y luego preguntó en voz baja:
—Supongo que le ha gustado la obra, ¿Lady Nephis?
Nephis se demoró un poco.
¿Qué se suponía que debía decir? ¿Que la obra estaba bien, pero que realmente había disfrutado de la experiencia de tener su cabeza apoyada en su hombro mientras ella le abrazaba en la oscuridad?
Se aclaró la garganta.
—Ha sido una buena actuación. Sin embargo... no estoy segura de que lo entiendas, pero es algo realmente incómodo ver a alguien interpretándote en el escenario.
El Maestro Sunless la miró en silencio durante unos instantes.
Luego, bajó la mirada con una expresión extraña y dijo en tono neutral:
—Sí... supongo que algo así sería difícil de entender...
Nephis sonrió levemente.
Al menos Cassie tuvo la sensatez para no enviarnos a ver la Canción de la Luz y la Oscuridad.
¿Cómo se sentiría su pretendido pretendiente viendo una obra sobre una relación ficticia entre ella y otro hombre?
¡Aquello habría sido un desastre!📝 Notas[5] Schadenfreude: término alemán que describe el placer o diversión que se siente ante el infortunio ajeno, especialmente cuando resulta irónico o embarazoso para quien lo sufre. ↑