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Esclavo De Las Sombras

Esclavo De Las Sombras – Capítulo 1625

Rain se levantó sobre una rodilla con un movimiento fluido y alzó su arco. Copos de ceniza caían de él como nieve negra, danzando con gracia en el viento. En un latido, sacó una flecha de su carcaj y la encajó en la cuerda. En otro latido, tensó sus músculos para abrir el arco.

La aleación compuesta resistió su tirón, pero pronto se rindió ante su fuerza y su forma perfecta, ambas fruto de un arduo entrenamiento e incontables horas de práctica.

Su arco... no era una sofisticada Memoria. Era bastante mundano, fabricado con aleación y filamentos; más potente de lo que solían ser este tipo de armas, pero ni de lejos comparable a sus equivalentes encantados. Tampoco era un arco de poleas. Es más, incluso para ser un arco recurvo, el suyo era de los más débiles.

Pero Rain no podía hacer nada al respecto. Existían arcos de aleación de un poder monstruoso, pero estaban destinados a ser usados por los Despertados. Con su lamentable fuerza mundana, ni siquiera sería capaz de tensar uno, y mucho menos de hacerlo con rapidez y precisión.

En cuanto a los arcos de poleas... aunque ofrecían una mayor potencia de tiro y otras ventajas, eso solo era bueno sobre el papel. En la realidad, un arma era algo más que su potencia. ¿Cómo de fiable era? ¿Era fácil de transportar? ¿Soportaría la naturaleza salvaje? ¿Podría cuidarse y mantenerse en condiciones adversas? Y así sucesivamente.

Los Despertados no tenían que pensar en esas cosas, pero Rain sí. Y gracias a su maestro, lo había aprendido todo sobre estos asuntos. Cada pieza de su equipo había sido seleccionada cuidadosamente.

...Sí. No es para nada porque simplemente no pueda usar nada mejor.

La capa interior del equipo de Rain consistía en un mono militar, del tipo que usaban los soldados del Ejército de Evacuación en la Antártida. Podía repararse solo y regular la temperatura de su cuerpo, lo cual era una necesidad aquí en Corazón de Cuervo, donde el frío letal y el calor abrasador coexistían de algún modo en una armonía espantosa.

Cierto es que la función de autorreparación del mono estaba prácticamente agotada tras años de uso intensivo, y había tenido que remendarlo a mano en varias ocasiones. Su maestro era extrañamente hábil con el hilo y la aguja, por alguna razón, y transmitió ese conocimiento a su reticente alumna.

Llevaba pantalones de cuero sobre el mono, fabricados con la piel de una Bestia Despierta, así como botas hasta la rodilla del mismo material. El resto de su ropa consistía en una camiseta henley completamente mundana, un chaleco de lana y una chaqueta militar con un forro reforzado manualmente.

Había también unas cuantas piezas de armadura que complementaban su modesto conjunto: brazales y espinilleras de aleación, un protector pectoral de cuero y una hombrera articulada.

La armadura mundana no era ni de lejos suficiente para protegerla de las garras de las Criaturas de Pesadilla, pero era mejor que nada. Al menos podía protegerla de uno o dos golpes de refilón. Llevar algo más pesado solo la habría ralentizado sin proporcionarle mucha protección adicional.

Rain también llevaba guantes de cuero, mientras que su abrigo largo de invierno estaba actualmente doblado y escondido dentro de su mochila.

...Ni que decir tiene que sentía una amarga envidia cada vez que veía a jóvenes Despertados pavoneándose con armaduras encantadas y relucientes. ¡Ellos ni siquiera necesitaban lavar sus Memorias, y mucho menos repararlas a mano! Por no hablar del hecho de que su armadura era mucho más duradera.

¡Concéntrate!

El Gusano de Piedra estaba a casi cien metros. La ceniza caía del cielo, haciendo que su figura resultara vaga y borrosa... al menos era fácil distinguir la dirección y la fuerza del viento. Acertar a un objetivo desde tal distancia no era una hazaña fácil, pero estaba dentro de las capacidades de Rain.

Sin embargo, no estaba segura de poder matar a la abominación con una sola flecha. Sus flechas eran más potentes que su arco, es cierto; las puntas habían sido fabricadas con los colmillos de una Bestia Despierta y, como resultado, eran bastante letales. Pero los Gusanos de Piedra no tenían una vulnerabilidad fácil de aprovechar. No había ningún punto al que pudiera golpear para derribar al Monstruo de inmediato.

Esas viles criaturas también eran terriblemente rápidas a pesar de pasar la mayor parte de su vida bajo tierra. El Gusano de Piedra tardaría un par de segundos, tres como máximo, en cubrir los cien metros que los separaban.

Y otro instante en hacerla pedazos.

Él también la había notado ya.

Mantén la calma.

Era como decía siempre su maestro...

“¡Y no te atrevas a morir, o te mataré yo mismo!”.

Como alumna respetuosa y aplicada, Rain no tenía más remedio que obedecer a su maestro.

Contuvo el aliento y apuntó. El tiempo se ralentizó hasta casi detenerse. Rain movió ligeramente su arco, teniendo en cuenta el viento, y luego relajó los dedos, dejando que se deslizaran de la cuerda.

Liberado de la terrible tensión, su arco de aleación propulsó la flecha hacia adelante con una fuerza extrema. La cuerda golpeó contra su protector pectoral como un látigo. La ceniza que caía se arremolinó, perturbada por la violenta turbulencia.

A cien metros de distancia, el Gusano de Piedra se desplomó en el suelo en una maraña de largas extremidades. La flecha se había hundido en sus fauces circulares, perforando el cerebro de la criatura.

Lamentablemente...

Los Gusanos de Piedra tenían varios cerebros independientes.

Antes de que Rain tuviera tiempo de parpadear, la abominación rodó por el suelo y salió disparada hacia ella como un repugnante torpedo de carne. Cubrió la mitad de la distancia que los separaba en lo que pareció una fracción de segundo. Una nube de ceniza se elevó en el aire a su paso, extendiéndose hacia afuera como una ola de oscuridad hirviente.

Sin embargo, antes de que pudiera cubrir la distancia restante, una segunda flecha lo alcanzó. Rain solo había tardado ese tiempo en volver a tensar el arco, ajustar la puntería y soltar la flecha.

Aunque acertar a un objetivo en movimiento era infinitamente más difícil, y más aún a uno tan rápido, la segunda flecha volvió a penetrar infaliblemente en las fauces de la criatura. Esta vez entró con un ángulo poco profundo, golpeando la columna vertebral del Gusano de Piedra.

La abominación tropezó... pero continuó arremetiendo hacia Rain.

Ella parpadeó.

Mierda.

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