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Esclavo De Las Sombras

Esclavo De Las Sombras – Capítulo 138

Sin lugar a dudas, era Caster, la única persona que Sunny había visto derrotar a Nephis en una pelea, incluso si era solo durante el entrenamiento.

En la Academia, Caster había sido la estrella de su generación de Durmientes. Guapo y amigable, no solo era popular, sino también respetado. Y aunque a Sunny le dolía admitirlo, eso no se debía solo a su elevado estatus de Legado.

Incluso otros Legados lo admiraban. Muchos incluso lo consideraban el verdadero rey del ranking, especulando que Estrella Cambiante había conseguido el primer puesto por error.

Caster era poderoso, hábil y encantador. Además, era humilde y tenía una personalidad afable que hacía que fuera difícil no caerle bien a nadie. Su pasado era impecable y su futuro, indudablemente brillante.

Básicamente, él era el polo opuesto de Sunny.

¡Maldición! ¡Sabía que esa voz me sonaba!

Sunny giró la cabeza y miró al apuesto joven con total desconcierto.

¿Qué hacía ese tipo aquí?

Los dos Durmientes, que ni siquiera sabían lo cerca que habían estado de probar el filo del Fragmento de Medianoche, hacían lo mismo. Ya no había emoción en sus rostros.

—Oh. Eres tú.

¡Esa es mi frase!

Caster los miró con una sonrisa silenciosa. No había hostilidad aparente en sus ojos, pero por alguna razón, los hombres de Gunlaug parecieron perder el deseo de causar problemas. Tras intercambiar miradas, uno de ellos dijo con tono vacilante:

—¿Conoces a este tipo, Caster?

Él les hizo un gesto con la cabeza.

—Sí. Estuvimos juntos en la Academia. No les importe su comportamiento grosero, chicos, es así. Un poco rudo, pero muy agradable una vez que lo conoces bien.

¿Desde cuándo nos conocemos?

Sunny se enfureció irracionalmente ante esa declaración, pero se obligó a callarse. Comprendió que Caster solo intentaba calmar la situación. De hecho, su llegada había sido muy oportuna.

Sunny estaba seguro de su capacidad para despachar a un par de matones... pero ¿qué pasaría después? Dudaba que los demás miembros de la hueste de Gunlaug se quedaran sentados a observar.

Verse involucrado en un conflicto con los dueños del castillo en su primer día aquí habría sido menos que ideal.

Los matones en cuestión, mientras tanto, se habían rendido. Intentando aparentar control, miraron a Caster con una mirada sombría y retrocedieron.

—Enséñale modales a tu amigo, Caster. La próxima vez no seremos tan indulgentes.

Dicho esto, se dieron la vuelta y regresarón a sus asientos, lanzando miradas amenazantes a cualquiera que se atreviera a mirarlos. Pronto, el gran salón volvió a llenarse con el murmullo de voces.

Caster los siguió con la mirada y luego se volvió hacia Sunny, su sonrisa se volvió un poco sombría.

—Eso… no fue algo muy inteligente, amigo mío.

Sunny se burló.

—Sí, bueno... ¿quién dice que soy inteligente?

Espera, no, ¡eso no salió bien!

El joven alto lo miró fijamente durante unos segundos y luego suspiró.

—En cualquier caso, es muy agradable verlos a ambos.

Dicho esto, se sentó, como si alguien lo hubiera invitado.

Bueno... admito que había cierta conexión entre ellos. Que quisieras hablar con gente con la que habías asistido a la Academia era comprensible.

Aun así, a Sunny no le gustó.

Echando una rápida mirada a Cassie, sonrió fríamente y dijo:

—¿Qué? ¿Te sorprende mucho vernos con vida?

Caster vaciló.

—Es bueno que hayas logrado sobrevivir.

Parecía que esta era su manera de admitir que sí, estaba sorprendido, pero de una manera agradable.

No era ningún secreto que Sunny y Cassie habían sido consideradas dos cadáveres andantes por todos los demás Durmientes de la Academia. Al igual que Nephis y Caster ocupaban los dos primeros puestos del ranking, ellos estaban en el último lugar. Por ello, ambos habían sido rechazados y marginados.

Por supuesto, cuando se trataba de Sunny, él no solo acogía con agrado el trato frío de sus compañeros, sino que había sido él quien lo había planificado.

En cualquier caso, nadie quería estar cerca de ellos, como si temieran contagiarse del aura invisible de muerte que los seguía adondequiera que fueran. El propio Sunny había sido culpable de evitar a Cassie tanto como le era posible en el pasado.

Debe haber sido muy extraño verlos a ambos vivos y bien después de meses pasados entre los horrores de la Costa Olvidada.

Cassie sonrió.

—Gracias.

Caster le devolvió la sonrisa y preguntó, con un tono extrañamente cálido:

—Eres Cassia, ¿verdad? Y tú eres... eh... ¿Sunless?

Sunny le dedicó un breve asentimiento.

—Cierto. Aunque me sorprende que recuerdes nuestros nombres. No creas que hemos olvidado cómo nos trataban.

Cassie le apretó la mano y dijo en tono de desaprobación:

—¡Sunny!

Caster se rió entre dientes.

—No, no. Tiene razón. Nos comportamos como unos imbéciles. Mirando hacia atrás... hicimos muchas cosas mal. Si tan solo hubiéramos sabido más...

Su voz se fue apagando y, tras permanecer en silencio durante un tiempo, el apuesto joven de repente sonrió con nostalgia.

—Pero, aun así, esos días en la Academia no fueron tan malos, ¿verdad? Je, todavía recuerdo la primera vez que te conocí, Sunless. ¡Me impresionaste mucho! Todos esos cuentos: escupir en la cara a tiranos despertados, matar santos de la espada con un gesto de la mano…

Se rió entre dientes, recordando los viejos buenos tiempos.

Sunny sonrió.

Estaba de humor para hacer alguna travesura.

—¿Qué? ¿Tonterías? ¡Ja! Juegos de niños. Deberías haber visto lo que he hecho en el Laberinto. ¡Eso sí que es para presumir!

Caster lo miró con chispas de humor bailando en sus ojos.

—¿Ah? Bueno... cuéntanos. ¿Qué más has hecho?

Sunny se encogió de hombros con profusa indiferencia.

—Esto y aquello. A ver...

Fingió pensar por unos momentos y luego dijo en tono aburrido:

—Supongo que lo más increíble que he hecho fue matar a un Gran Diablo de un solo golpe de espada. Lo rematé al instante, sin problema alguno. Incluso conseguí una Memoria de esa muerte. Eh, pero antes de que preguntes... no, no puedo enseñártela. Porque, eh... uf... ah, cierto. Me la comí...

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